El conocimiento científico y el potencial tecnológico que hemos alcanzado en los últimos tiempos nos otorgan un gran poder para modificar nuestro entorno y, en general, el planeta entero. También a nosotros mismos, tanto a nivel individual como colectivo, por lo que algunas propuestas actuales —como la del transhumanismo— tal vez deberían ser reconsideradas con más detenimiento…
Ya no se trata solo de que podamos arrasar el mundo con unas cuantas explosiones nucleares, sino de que, gracias a la capacidad de manipular la genética y la bioquímica de cualquier ser vivo; de alterar el territorio, los ecosistemas o el ciclo del agua a nuestro antojo; o incluso de intervenir en la meteorología para favorecer ciertos fenómenos, corremos el riesgo de acabar creyéndonos seres todopoderosos, capaces de materializar todo lo que la mente imagine. En definitiva, contagiarnos definitivamente del complejo de dios, que llevamos manifestando desde hace ya tiempo…
Es cierto que la capacidad computacional que hemos alcanzado, sumada a la creciente potencia de la inteligencia artificial, permite procesar cantidades ingentes de información a velocidades hasta hace poco inimaginables. Esto posibilita analizar miles de variables e interacciones de cualquier sistema vivo —complejo por definición— y alcanzar cierto nivel de predicción. Y ¿qué sistema más complejo e interesante sobre el que actuar, desde la perspectiva de quienes aspiran a controlar y anticipar todo, que la Tierra como ecosistema global y los incontables macro y microsistemas que contiene?
Tal vez llegue el momento en que podamos determinar con exactitud las consecuencias sobre la dinámica atmosférica del vuelo de todas las mariposas del mundo, e incluso predecir acontecimientos futuros como los que tantas veces nos han mostrado en el cine (como primado negativo, dirían algunos). Pero la hipercomplejidad de eso que llamamos realidad es tal que, en algún momento, el sistema terminará sorprendiéndonos con una variable no contemplada que alterará por completo el escenario previsto (espero que esto no sea solo un deseo).
Además, los seres humanos somos elementos activos del sistema que estudiamos. Y si hacemos caso a lo que plantea la física cuántica —que el observador influye en lo observado—, se desmorona la idea de una objetividad científica absoluta. Entonces, siempre se nos escapará alguna variable en el análisis. A no ser que la inteligencia artificial tome definitivamente las riendas y llegue a conocernos mejor que nosotros mismos; incluso en nuestros comportamientos más inconscientes…